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Nomofobia: La Epidemia del siglo XXI

Texto originalmente publicado el día 01 de Noviembre del 2019 en el Diario Expreso. 

¿Podemos ser adictos a los celulares? Buscamos proteger a nuestros hijos de las adicciones y una manera de hacerlo es mantenerlos alejados de las drogas. En la mayoría de los casos las drogas ilegales están fuera del circulo familiar, por lo que es cuestión de supervisar a nuestros hijos para reducir su exposición. ¿Pero si la adicción no es una sustancia sino a un artefacto? Uno puede ser adicto a una sustancia, a una persona o a una cosa, y cuando esa sustancia, persona o cosa faltan, nos sentimos mal producto de la abstinencia.

Sin embargo, ¿qué daño podría causar el uso del celular? Han pasado más de diez años desde la publicación del estudio que acuñó el término nomofobia el 2008, pero la situación se ha agudizado. La nomofobia es un concepto que no este en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ni en el DSM-V, el último manual para diagnosticar trastornos mentales, aunque la mayoría de psicólogos podría clasificar dicho trastorno como “fobia específica”. ¡El mayor error sería pensar que el problema no existe!

Un estudio conducido por SecurEnvoy mostró que los adolescentes y adultos jóvenes son más propensos de sufrir nomofobia. La investigación reportó que el 77% de los adolecentes manifestaban ansiedad y preocupación cuando no estaban con su celular. Los psicólogos encontraron algunos factores asociados a la incidencia de la nomofobia en los jóvenes: una visión negativa de sí mismo, baja autoestima, pobre autogestión, alta extroversión o introversión, impulsividad, sentimiento de urgencia y sensación de buscar cosas. Otros estudios han correlacionado el uso del celular con las notas académicas. Las conclusiones son alarmantes. El uso frecuente del celular está asociado a notas bajas, incremento de la ansiedad, baja satisfacción en la vida y sensación de infelicidad en comparación con los estudiantes de uso infrecuente.

Las nuevas tecnologías pueden ser prometedoras, pero también una nueva fuente de vicios, por ello Shambare, Rugimbana & Zhowa (2012) consideran que los celulares son “posiblemente la mayor adicción sin drogas del siglo XXI” porque los universitarios pasan hasta 8 horas viendo la pantalla del celular al día en vez de interactuar con sus amigos. He aquí una de las paradojas las nuevas tecnologías: Prometen liberarnos, pero también puede esclavizarnos y agudizar los problemas psicológicos preexistes.

Pero ¿hay una manera de saber si soy nomofóbico? Lo ideal sería consultar con un especialista como un psicólogo o un psiquiatra, sobre todo si se presentan los síntomas mencionados en asociación con un alto uso del celular. Una manera de monitoreo y supervisión es revisando “el tiempo en pantalla” (screen time), que no solamente mide el tiempo en el que la pantalla esta prendida, sino que contiene un registro del tiempo utilizado en cada aplicación por día y a lo largo de la vida del dispositivo.

En vista de la creciente nomofobia en las escuelas, en lugar de únicamente castigar o confiscar el uso del celular, los padres deberían procurar orientar a los jóvenes en una nueva cultura tecnológica que los motive a hacer uso responsable de la tecnología.

Víctor García-Belaúnde

Director General del IET

Fundador de la Sociedad Secular Humanista del Perú

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